2010
Trabajo realizado junto a Pablo Vallejo
No tiene el carácter que se conviene para un edificio de oficinas, y es que no creemos que el edificio deba ser la representación física de la noción positivista de lo ejecutivo o la materialización superflua de una imagen corporativa, es decir; elegante, sobrio, impecable, radiante y tan brillante como cabello engominado. Así que, nos dejamos llevar más bien por el clima de la mitad del mundo: árido y seco, donde el sol perpendicular lo incendia todo con insoportable resplandor. Ante esto solo cabe el refugio, guarecerse en una arquitectura-cueva, una arquitectura-sombra; oscura y fría.
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